viernes, enero 06, 2012

Salir al quite

La culpa la tiene mi papá. Ya sé que los papás tienen la culpa de muchas cosas y aunque nosotros decidimos entre la visión del mundo que ellos nos transmitieron lo que queremos o no queremos ser, al final de cuentas ellos son la inspiración, tanto para ser lo contrario, como para imitar sus pasos. Consciente o inconscientemente, nos guste o no nos guste, así es.
Mi papá es ese hombre inteligente, de manos grandes, de complexión fuerte, de gestos agradables y de sencillez infinita que ha hecho de mí la mujer resuelta que por lo general soy. Yo no me daba cuenta, pero en sus pláticas siempre hubo señales, siempre me ha querido dar entender cosas de la vida, de lo que para él es y de lo que definitivamente no es. Lo ha hecho con calma y a conciencia.
Cuando era niña mi papá viajaba mucho, y siempre que regresaba de sus viajes se tomaba un tiempo para platicar con mi hermano y conmigo; de esas platicas saqué la necesidad de hacer de mi vida una aventura. Siempre nos contaba con la mayor emoción y con la menor precisión donde había estado y como había sido, siempre despertaba nuestra imaginación y nunca se me ocurrió que quizás algunos detalles los alteraba un poco.
Recuerdo muy bien la vez que estábamos sentados en la oscuridad de la sala de mi casa, mi hermano y yo acurrucados a su lado y escuchando su profunda voz. Nos contaba de la tremenda tempestad por la que había pasado el avión en el que había viajado, de la preocupación que impregnaba el aire, de los rezos y demás cosas que los pasajeros hacían cada que el avión daba un tumbo, era una situación difícil y todos los sabían, nos detalló cada una de las nubes grises que se veían por su ventana y los truenos que hacían que su corazón saltara. Yo como siempre cerraba los ojos y me imaginaba estar ahí, sintiendo angustia y miedo, aferrándome al asiento del avión, pidiendo sobrevivir de aquella catástrofe. Como quien no quiere pero tiene que hacerlo, el avión empezó a descender, se veía la ciudad a lo lejos, el aeropuerto, la pista de aterrizaje y de pronto, un aterrizaje suave como la mantequilla y alivio generalizado entre los pasajeros. La habían librado y mejor de lo que pensaban por lo que poco a poco cada uno de ellos empezó a elogiar las capacidades de planeación del capitán, todos le daban las gracias al que en la cabina había hecho las maniobras suficientes para salvar sus vidas. Uno a uno los pasajeros fueron juntando sus palmas al son de un fuerte aplauso. Fue entonces cuando se abrió la puerta de la cabina y se asomó una mujer, que sin más complicaciones daba las gracias a los pasajeros por los aplausos. ¿Pero cómo? ¿Es mujer?. Si, una mujer polito había salvado la vida de mi papá y de los demás.
Yo no lo entendía, pero con ese y muchos otros relatos de mujeres haciendo cosas que en un principio estaban planeadas para hombres, mi papá me fue dando a entender que yo podía hacer lo que quisiera y que mi condición femenina no tenia por que detenerme.
Claro que en algún punto me di cuenta de que no todos los hombres piensan igual y confieso que en algunos momentos muy precisos de mi vida me he sentido llorar al pensar que por ser mujer algunas cosas me pueden ser más difíciles. Pero al final de cuentas mi papá nunca me dijo que sería fácil, simplemente me dijo que si quería tenía que hacerlo.
Tampoco me dijo que tenía que sobre valorizar mi condición de mujer ante los hombres y despreciarlos como algunas mujeres feministas lo hacen, simplemente me hacía ver que debe haber un equilibrio y que aunque los hombres y las mujeres no somos iguales, siempre debe haber equidad. Por eso, ahora cuando veo ciertas manifestaciones de feminismo extremo siento ganas de gritarle al mundo entero que están equivocados, que las mujeres no necesitamos un día especial para nosotras, que no necesitamos cometer el mismo error que los hombres han cometido por muchos años al desvalorizarnos, que simplemente la sociedad en general tiene que darse cuenta que más que contrincantes debemos ser un equipo y que tanto hombres como mujeres tenemos necesidades distintas. Porque claro que las mujeres somos físicamente más débiles (y no siempre), porque claro que las hormonas nos nublan el panorama por lo menos una vez al mes, porque claro que ser mujer es difícil, pero también ser hombre tiene sus cosas, también ha de ser difícil tener que mantener el temple de fortaleza todo el tiempo, los hombres también deben tener miedos y aunque claro que son diferentes a los de las mujeres, también sus vidas deben ser difíciles y llenas de retos que afrontar todos los días. Entonces lo que en realidad necesitamos es equidad, en realidad lo que necesitamos es formar equipo y querernos mutuamente.
Por eso me caen mal las mujeres que buscan hombres que las mantengan y siento malestar estomacal cada que pienso en las millones de mujeres que buscan ser princesas. Porque para ser princesa se necesita tener un príncipe y en la vida real no existen ni los príncipes, ni las princesas ni los dragones. Existen otras cosas, peligros de verdad, dificultades de verdad y para ello es necesario mujeres y hombres de verdad que sepan enfrentarse a todos esos problemas cubriéndose la espalda mutuamente. Sé que muy probablemente en algún punto de mi vida, si es que quiero tener hijos y únicamente por razones físicas, tendré que abandonar por un rato mi vida profesional, pero eso no quiere decir que yo no estaré siempre lista para salir al quite, para cambiar los papeles con el papá de mis hijos y con pedirle a él que también salga al quite de la mejor forma que pueda, aunque él sea el que tenga que preparar las mamilas en lo que yo me enfrento al mundo jurídico para comprar la leche para esas mamilas. El chiste es salir adelante los dos juntos, sin pensar mucho en los roles que la sociedad muchas veces nos exige por el simple hecho de nacer mujer o nacer hombre.
Pero como no quiero que se malinterprete todo lo que acabo de decir es necesario que deje claro que con todo esto no quiero dar a entender que no busco un hombre que me consienta y que me trate increíble, un hombre que me invite a cenar de vez en vez y me lleve flores para hacerme sentir feliz cuando me siento triste, o que busco un hombre que me trate con indiferencia, al contrario, quiero ser la mujer más cuidada, amada y consentida del mundo, pero también quiero hacerme acompañar por el hombre más cuidado, amado y consentido del mundo.
Sé que es difícil, pero estoy segura de que allá afuera debe haber alguien que piense y se sienta como yo.

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