Eran las primeras horas del 1 de enero del 2012 y me encontraba afuera de un “antro”, “club” o como quieran decirle, en la muy de moda colonia Condesa, en la muy bonita Ciudad de México. No es que yo quisiera estar ahí, pero ahí estaban los amigos con los que quería celebrar las primeras horas de un año que desde hace mucho siento que será emocionante y marcará la pauta para muchas otras cosas, porque es muy probable que no se acabe el mundo, pero estoy segura de que el 2012 será un antes/después en la vida de todos.
Pero en fin y regresando al tema principal, estaba afuera de ese lugar de buena muerte, odiando tener que esperar a que un orangután decidiera en qué momento podía pasar a gastar mi dinero en el lugar de moda para el cual trabaja. No es que sea amargada, pero estaba a punto de proponerme a mi misma irme cuando llegaron unos “güeros” que de inmediato pudieron pasar, lo cual agradezco, ya que en ese momento me vino a la mente la primera reflexión de este año.
La gente VIP. (Very Important People, Gente Muy Importante)
No es que antes no me hubiera cuestionado dicho término, no es que antes no me hubiera preguntado qué hay de emocionante en tener un gafete que dice que eres importante o qué hay de especial en poder pasar a una zona restringida para gente etiquetada como VIP, pero la verdad cuando me he mezclado un poco entre esas espesas masas de gente que dice ser importante, me he dado cuenta que está llena de personas típicas, que por lo general ni interesantes son. No quiero generalizar, estoy segura que entre esas calañas debe haber mucha gente admirable, pero también la hay entre la prole, entre los que no somos VIP y entre los que cada día se despiertan para ser ellos, sin buscar la aprobación de nadie más para saber que su vida es importante.
Quizás la única razón por la que pienso así es que nunca me ha gustado que me clasifiquen, pero de verdad cada una de las veces que he tenido la oportunidad de que alguien me catalogue como VIP, he sentido pena profunda por mi persona y he pensado que soy un poco ridícula, ¿de verdad soy importante porque alguien más lo diga?, no creo. Estoy segura que todos nacemos importantes, porque todos tenemos una razón para estar aquí o allá, y ese término VIP tan solo es una más de las razones por la cual la sociedad claramente va en picada; al fin y al cabo, si mañana se murieran todos los VIP del mundo, nada cambiaria y pronto habría nuevos VIP que los remplazarían.
Entonces, ¿qué con los VIP?, desgraciadamente no hay nada que pueda hacer, al parecer no hay suficientes hippies comeflores como para poder cambiar esa situación y al parecer yo voy a tener que seguir relacionándome con amigos que de alguna forma u otra quieren pertenecer a esos circulitos, aunque sinceramente no termino de entender porque necesitan que les digan VIP o porque quieren ir a lugares donde para poder pasar a gastar tu dinero hay que sufrir el visto bueno de un orangután.
Pero como tampoco hay que ser tan radicales en esta vida, al final de cuentas entré al antro y como estaban muchos de mis amigos más apreciados me la pasé tan bien como si hubiéramos estado en algún otro lugar, escuchando mucho mejor música, porque sin duda alguna, la gente está muy loca pero a Johny no le interesa. WTF.
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