En la noche, las especies se bifurcan en un claroscuro que ni siquiera deberíamos intentar comprender.
Por las oscuridades de la noche, rondan grandes aventuras: La luna arrulla al hombre lobo, algunos sienten que les vienen a jalar los pies, los amores prohibidos se vuelven permitidos por unas cuantas horas, y los insomnios, pululan por esta gran ciudad.
Y sin querer, de repente, ves llegar la brillante luz: mezcla de ilusiones, de saltos mortales, sonrisas precavidas, bailes de cantina y un poco de azúcar con mantequilla.
En lo personal, las noches son el mejor/peor momento del día… y todo aquello depende de lo que uno tenga ganas de hacer y pueda hacer.
A lo mejor una pequeña bifurcación en la mente (que busca saciarse por medio de unas cuantas letras) sea suficiente para bien recibir a la masa crepuscular, o quizás, la pequeña debilidad que se encuentra expresada en pequeños cristales que se deslizan por las mejillas de algunos insomnios.
Pero lo que realmente es cierto, es que uno nunca sabe, lo que la noche nos podrá deparar. (Y más, si eres mujer con un ejército de hormonas, listo para disparar trozos de alegría, felicidad, tristeza, deseo…)

No soy mujer, pero también tengo mis noches de hormonales arrebatos y de cristales deslizándose por las mejillas de mi imsomnio.
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