Siempre desee ser la historia que todos querían escuchar. La risa que se interpretaba con alegría, y la nostalgia que complementa toda oración.
Siempre desee ser mujer, de pechos pequeños y carácter embravecido, para así no tener que lidiar con tanto idiota.
Pero no lo logre.
Me volví mujer, historia, risa, nostalgia y los idiotas nunca dejaron de seguirme, entonces decidí parecer idiota, y empecé a hacer cosas idiotas.
Me sumí en un sueño, de esos largos que duran como un año, que te atrapan en la rutina de los días que se contagian con las ideas graves de otros.
Fui presa fácil. Con historias dramáticamente fáciles, con sentimientos sin control, y con una mente en blanco que cualquiera compraba.
No fue fácil librarme de ese espeso sueño por que cada vez que intentaba aligerar la cabeza con pensamientos celebres, el humo de la habitación me lo impedía. Fue cuando me di cuenta, de que en realidad, en vez de ser sueño, era pesadilla.
Así que me deje de tonterías, me mire al espejo, me comprendí mas que una historia buena que escuchar, me interprete alegre sin exagerar, y deje que la nostalgia comprobara que estaba viva.
Comprendí que la lucidez era la llave perfecta a los sueños hechos realidad, y me dejaron de importar los idiotas, al fin y al cabo, algunos son buena calza.
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