martes, diciembre 22, 2009

La funámbula de las mariposas

La funámbula de las mariposas.

Nació con el equilibrio en el corazón, y jamás se contuvo en el error de una desequilibrada decisión.

Todo en su vida era de una elección centrada, perfecta y carismática.

En el espectáculo desencadenaba asombro, temor y admiración. Era el acto principal en el “Gran Circo Vivanco” y después de cada función en todos los pueblos en los que se presentaba, los niños más atrevidos se acercaban a preguntarle como era que ella nunca caía. Ella sonreía y parecía pensar la misma respuesta de todas las noches.

Paciente, con sus hermosos cabellos largos color negro, que se dejaban caer sobre una espalda suave, flexible y delgada, les contestaba con la voz mas dulce que jamás se ha oído en esta tierra: No caigo, por que sé que caer es una opción tácita.

Pero eso era de lo poco que se le podía escuchar decir, Azul era una mujer callada, de mirada profunda de gustos estilizados y de primaveras que parecen nunca acabar, de verdad era hermosa.

Mauricio se enamoro de ella desde el primer segundo que supo de su existencia, mientras caminaba por el parque central, del pequeño pueblo en el que vivía. En Muleje había nacido y aprendido todo lo que sabia de la vida, incluso lo que mejor sabia hacer, tocar el violín y aunque en el pueblo, se rumoraba que aquel hijo menor del señor Fenuncio, dueño de más de la mitad de las tierras de Muleje era raro, de gustos nocturnos y miradas perdidas, nadie podía perderse un recital, de la hermosa música que brotaba por su bien utilizado violín.

El cartel pegado afuera del la iglesia, llamo su atención sutilmente, Mauricio se fue acercando poco a poco hasta que de pronto a su mirada se dejo ver la espectacular noticia, El circo vendría en dos semanas y el acto principal le pertenecía a una funámbula llamada Azul. En la foto, ella se notaba bella, pero no tan bella como en la vida real. Mauricio compró un boleto en primera fila, y por las siguientes dos semanas se olvido del suceso.

El circo llego dos días antes de la primer presentación, de las siete que tendría durante el mes de su visita, dos por cada uno de los primeros tres fines de semana, y una estelar de despedida.

Ese día Azul se sentía asombrada, por que aunque había nacido en el circo, y su vida se trataba de una niña que se convirtió en mujer entre leones, payasos y viajes de pueblo en pueblo, y las presentaciones hace mucho le habían dejado de parecer cosa de emoción, algo empezaba a invadirla. Ella no sabía que era, pero lo describió ante el medico del Circo como mariposas en el vientre.

El circo se instaló y un día antes de que diera comienzo la primer función, el Presidente Municipal, en un acto de diplomacia y en espera de que el circo hablara excelencias de Muleje en el próximo pueblo, organizó una gran cena para los payasos, enanos, trapecistas y demás miembros del circo, sin olvidar a la hermosa funámbula.

Entre los invitados especiales del pueblo, se encontraba el padre de Mauricio junto con su esposa, he hijos. Por supuesto, ese día Mauricio se baño, perfumo y vistió con la certeza de alguien que se sabe buscador de algo que esta próximo a encontrar.

Azul por su lado, vistió con un hermoso vestido color hueso que remataba su hermosa sencillez con delicadas espejuelas moradas . Dejo su cabello caer con libertad por sus hombros y calzo unas zapatillas compradas en Tokio. Se veía hermosa, no tanto por el atuendo, si no por su suave sonrisa color a fruto maduro.

El momento de conocerse llegó, y Mauricio beso con delicadeza la mano de lo que a sus ojos parecía una doncella, mientras el Presidente Municipal recitaba algunas frases de presentación. Azul respondió con una frágil sonrisa y de inmediato siguió su trayecto, pareciendo no importarle que en toda la noche Mauricio no pudiera quitarle la mirada de encima. Era común y poco agradable para ella, la penosa aparición de un nuevo pretendiente en cada pueblo que visitaba. Esa noche, Azul esquivo a Mauricio hábilmente.

La primer presentación llego, y con ella Mauricio en primera fila. Los payasos le hicieron reír poco, los leones le causaron poca impresión, los enanos le parecieron cosa de aburrición. No hizo nada, mas que mover el pie en busca de notas y ritmos que le ayudaran a diluir el tiempo en algo mas rápido.

El gran acto comenzó, ahí estaba Azul, a muchos metros de distancia a punto de atravesar lo que a él le parecía una enorme y peligrosa línea recta. Se empezó a poner nervioso, sentía que claramente el grueso cable de acero se movía y tambaleaba y que su bella amada podría caer y morir antes siquiera de que el lograra confesarle su amor. Su corazón temblaba, no podía enfocarse, quería ir a bajarla. Gritar y que el circo parara. En eso, sus ojos se encontraron con el remedio perfecto, la suave y tranquila mirada de Azul lo tranquilizo y lo llevo a disfrutar con el deleite de sentir que veía a la mas esplendida bailarina, hacer de las suyas por el majestuoso aire. El publico entero rompió en aplausos en cuando llego al otro lado. Los niños gritaban de emoción, Azul hizo su acostumbrada reverencia al publico, y las luces se apagaron.

Mauricio espero junto a los atrevidos niños que esperaban a hacerle la ya acostumbrada pregunta, afuera de los camerinos. En cuanto Azul salió, los niños la rodearon, le hicieron la acostumbrada pregunta y ella respondió de la acostumbrada manera, hasta que se percato de la presencia de Mauricio he irremediablemente se puso nerviosa. Ella sabía que su nerviosismo no se debía a Mauricio, si no a las mariposas en el vientre, que no dejaban de hacerle notar su presencia. Cuando los niños ya se habían ido, satisfechos con la corta respuesta, Azul se acerco a Mauricio y extrañada le pregunto si no lo esperaban en casa. El respondió que no, y la invito a dar un paseo a lo largo de su tranquilo pueblo. La noche se notaba fresca y estrellada y ella sintió unas enormes ganas de relajar sus músculos con lo que parecía una precisa invitación a una apacible caminata, al fin y al cabo, el doctor le había dicho que las mariposas podrían sucumbir de esa manera.

Platicaron toda la noche, bajo la luna y en el kiosko del pueblo, Mauricio le contó de todo, de cómo era que había descubierto su amor por el Violín, de lo mucho que se divertía de niño con sus hermanos y de lo gentil que era su madre. Azul lo escuchaba con atención. Reían y no miraban la hora, pronto amaneció y ella tuvo que regresar a donde el circo, antes de que notaran su nocturna desaparición. Quedaron de verse al otro día, y por el resto del mes. Fue lo que Mauricio llamaba, el mejor mes de su vida.

Pero como todo lo bueno, no duro para siempre y la última presentación se acercaba. Todos hablaban de ellos en el pueblo, y los rumores pronto llegaron a oídos del dueño del circo, que por desgracia era también era el padre de Azul. La regaño he incito a dejar sus amorosos paseos, el no quería que su hija sufriera y bien era sabido que la vida de circo era nómada hasta en el amor.

Azul pidió permiso para ir a ver a Mauricio por ultima vez, y como su padre jamás le había podido negar nada, esa misma tarde se presento en su casa. La presencia de la funámbula en la casa de Mauricio, lleno de especulaciones a la familia, pues él nunca se había dejado ver cerca de alguna mujer. Sus hermanas le dieron una calurosa bienvenida, su madre le ofreció té, sus hermanos estuvieron de acuerdo en que Mauricio debía tocar el violín para amenizar la visita y a Azul no le quedo de otra, mas que aplazar la terrible noticia de que sería la ultima vez que se verían.

Fue una tarde hermosa, que acabo en el jardín debajo de la frondosa Jacaranda, que a todos deleitaba con su morada presencia, y que parecía ser el marco perfecto para esta escena de amor. Mauricio susurró al oído de Azul, lo que el nunca imaginó decir, y el pacto de amor quedó plasmado sin siquiera haberse dado la noticia de su próxima he inevitable partida.

Ella sabía que no podía dejar al circo, por que desde que su madre había muerto, el acto principal le pertenecía a ella, y su padre ya estaba viejo, como para buscar un nuevo acto principal, sobre todo por que el mundo no esta lleno de mujeres hermosas, que dancen por los cielos de la forma en la que solo Azul y su madre habían logrado hacerlo.

Azul, paso aquella noche contemplando la luna y pensando en que hacer. No había buenas ideas. Ella sabía que amaba a Mauricio y sabía que Mauricio la amaba a ella, pero también sabía del amor que le guardaba a su padre, que desde que la muerte de su madre, había sido lo mas importante de su vida.

La hora de la última función llego, y Azul no paraba de sentir mariposas en su vientre, que para ese entonces parecían mas un molesto enjambre que una hermosa sensación. Parecía que se querían salir por su boca, oídos y ombligo, y hasta pensó en hacer lo que nunca había hecho, abandonar la función. Pero no fue así.

Azul subió por las escaleras que la guiaban a lo alto, como lo había hecho casi desde que sabía caminar, froto sus manos antes de tomar entre ellas el balancín y comenzó a dar lo que a todos los presentes les parecía, un hermosos espectáculo, y a ella un penoso mareo.

A la mitad, la sensación de las mariposas fue incontrolable, el dolor en el pecho de algo que quiere salir no la dejaba concentrarse y Mauricio lo noto mas rápido que nadie. Empezó a gritar, ¡Se va a caer! ¡Se va a caer!, corrió desde su asiento, lo más rápido que pudo sin saber que hacer. La desesperación lo acorralo y finalmente, se detuvo a ver lo hermoso de la situación.

El espectáculo fue impresionante, de la boca de la funámbula comenzaron a salir mariposas de mil colores, que generaron desconcierto y asombro por todo el publico y finalmente, Azul perdió el equilibrio y cayo. Mauricio corrió a su lado, y la escucho decir sus ultimas mágicas palabras; -caer es un acto tácito-.

Desde aquel entonces, la música que proviene del violín de Mauricio no ha vuelto a ser la misma ya que le es inevitable las notas se entrelacen en cuidadosos capullos que al final desprenden mariposas de lindos matices.

-Rana

Diciembre del 2009.

1 comentario:

  1. totalmente de acuerdo con la funámbula. Creo que pocas personas se dan cuenta, y más aún, creo que hay muchas personas, probablemente yo incluida, a las que les encanta estar en constante caída libre.Tal vez caerse no sea tan malo, a lo mejor solo se trata de no convertirlo en el deporte extremo favorito...

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