Lo que queda de ti y de mi, es demasiado doloroso como para que siga escribiendo sobre el.
El recordarte, ya sea con letras o con lágrimas me esta matando.
Será mi corazón o mis pensamientos, mis obsesiones o mis pasiones, pero hoy que mis ojos se vuelven a nublar con tu presencia fantasmal en forma de agua salada, me he hecho una proposición.
Dejarte de largo, será lo único que me pueda salvar. Arrancarte dolorosamente de raíz, borrarte y no olvidarte, pero dejar de recordarte.
Dejar de buscarte y esperarte, dejar de apesumbrarme por tu penosa aparición en mi vida. Cobrarte el odio que te debo y repartírtelo en dosis de desprecio.
Hoy, debo recordar. Lo malo se debe impregnar en mi de forma reconstructiva, como remedio infalible ante tus posibles reapariciones. Recordar tu mala forma de jugármela, recordar tus mentiras, recordar lo rata que puedes llegar a ser, y no olvidarme nunca de lo grotesco que te ves.
Así que hoy, en este día soleado, he decidido dejar de escribirte y de buscarte; matar a cada uno de los pensamientos en los que tu nombre podría reaparecerse como el arma de dos filos que siempre logra matarme. Seré fuerte, dura, rígida, y sobre todo seré yo. Solo yo.
Por que lo que queda de mi y de…
Inspirador... tus texto viene justo cuando los encuentro necesarios. Hoy me identifico con tus palabras y en respuesta quisiera desearte que lo logres...
ResponderEliminarEstoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo...
ResponderEliminarEstoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.
Wislawa Szymborska
Lo vi y me acordé de ti