Se que no debería de estar haciendo esto, pero no lo puedo evitar.
Esta en mi ser, querer escribir todo el tiempo, lo que pienso, lo que veo, lo que me dan ganas de decir… y de actuar.
Tal vez, debería de estar más acorde con esta oficina, tan llena de cosas grises y flotantes, pero me resisto a convertirme en uno de ellos.
Acabo de regresar de la playa, del mar, del sol y de las palmeras… de aquel lugar en donde muchos creemos que nuestras almas son puestas al descubierto, y son entabladas en hermosas conversaciones marítimas que pareciesen no acabar, pero que forzosamente suelen acabar, y en este momento me permito robarme una frase de kerouac y adaptarla a mi estilo: amo ese lugar, donde el aire se puede besar.
Pero como sea, hoy me dan ganas de pensar en el futuro en que pensé hace muchos años, en el pasado que asombro mis pensamientos y en gritarle al mundo si es necesario, que este lugar, en algún momento tiene que dejar de estar podrido…
Tengo que decirlo, extraño el sabor a agua salada en mi boca, las gotitas escurriéndose por mi abdomen, las olas persiguiendo mis pies… y el inagotable sonido de las pequeñas y grandes olas, que por unos días cobijaron mis sueños, pero esta vez no lo pienso extrañar por un tiempo que no sea más que el pertinentemente forzoso… por que yo prefiero seguir mis pasos en la arena, sin un peso en los bolsillos, que ahogarme en un mar de papeles, con los bolsillos llenos de veneno deseable.
Yo prefiero decir, lo hice… a decir, me hubiera gustado hacerlo, además… alguien me dijo en este viaje, una frase que se me quedara por el resto de mi vida: los valientes, son más felices.
Sueños en el mar.
Esta en mi ser, querer escribir todo el tiempo, lo que pienso, lo que veo, lo que me dan ganas de decir… y de actuar.
Tal vez, debería de estar más acorde con esta oficina, tan llena de cosas grises y flotantes, pero me resisto a convertirme en uno de ellos.
Acabo de regresar de la playa, del mar, del sol y de las palmeras… de aquel lugar en donde muchos creemos que nuestras almas son puestas al descubierto, y son entabladas en hermosas conversaciones marítimas que pareciesen no acabar, pero que forzosamente suelen acabar, y en este momento me permito robarme una frase de kerouac y adaptarla a mi estilo: amo ese lugar, donde el aire se puede besar.
Pero como sea, hoy me dan ganas de pensar en el futuro en que pensé hace muchos años, en el pasado que asombro mis pensamientos y en gritarle al mundo si es necesario, que este lugar, en algún momento tiene que dejar de estar podrido…
Tengo que decirlo, extraño el sabor a agua salada en mi boca, las gotitas escurriéndose por mi abdomen, las olas persiguiendo mis pies… y el inagotable sonido de las pequeñas y grandes olas, que por unos días cobijaron mis sueños, pero esta vez no lo pienso extrañar por un tiempo que no sea más que el pertinentemente forzoso… por que yo prefiero seguir mis pasos en la arena, sin un peso en los bolsillos, que ahogarme en un mar de papeles, con los bolsillos llenos de veneno deseable.
Yo prefiero decir, lo hice… a decir, me hubiera gustado hacerlo, además… alguien me dijo en este viaje, una frase que se me quedara por el resto de mi vida: los valientes, son más felices.
Sueños en el mar.
(Escrito, en la oficina de abogados en la que trabajo!!)
Dios nos hace y la blogósfera nos junta. Me identifico plenamente con la mayoría de las ideas y sentimientos que plasmas por aquí.
ResponderEliminarTe felicito, por ser una sobreviviente en medio de hombres grises... Es más te admiro, porque para mí ser un sobreviviente es más sencillo, veo la playa todos los días.
"Si lo que quieres es vivir cien años, no pruebes los licores del placer... Deja pasar la tentación... Y si protesta el corazón, en la farmacia puedes preguntar --¿venden pastillas para no soñar?" (Joaquín Sabina).