¿Yo? Nada. Yo nada.
El mundo bien confuso, yo otro poco.
Hasta dan ganas de desaparecer, o de menos de enloquecer.
Dan ganas de declararse enfermo mental, de tirarse a la mitad del camino por el que todos van. Paso a paso, a las oficinas, a sus trabajos, a lo mismo de ayer, de antier, anteantier.
¿yo? Nada, nadie. Una más.
¿Sueños? Los que la mercadotecnia me ha hecho querer tener, o los que algún día tuve de verdad.
¿A dónde vamos los que no vamos a ninguna parte? ¿Los que no pertenecemos a nada? ¿a dónde vamos los tristes? ¿los locos?.
¿A dónde vamos los que no queremos ir?
A las drogas, a las risas, a lo que no existe, a lo que a veces existe, a lo que sientes, ¿a dónde van los sensibles? ¿en dónde se esconden? ¿qué dicen cuando nadie los escucha?
No hay camino, ni vereda, ni verdad, ni mentira. No hay drama, no hay nada. Y si hubiera algo, ¿a dónde va? A ninguna parte.
¿para qué? ¿por qué?.
Es lo que nos dicen, en la televisión nos venden que ahí está la felicidad, por que así debe ser, porque no vale la pena desperdiciar nuestros días viendo el cielo, viendo el paisaje, cuando puedes pasarlo en una oficina. No hay vida que perder, así es como debe de ser.
¿dios? ¿dónde? No lo veo.
¿Y ahora? ¿para dónde? ¿a dónde vamos los que estamos perdidos?
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