jueves, marzo 01, 2012

pues...

¿Dónde está la felicidad?




Mirando hacia adelante y hacia atrás, contemplando mi vida y la de los demás, yendo y viniendo sin parar, todo el tiempo me hago esa pregunta. Cuando vivía aquí y cuando vivía allá, cuando estoy feliz y cuando estoy triste, cuando mi vida se llena de contrastes y ni siquiera yo misma sé lo que siento, siempre me pregunto ¿dónde está la felicidad?, y espero no ser la única que se haga constantemente esa pregunta. Tampoco espero agarrar un aire de filosofapachecaempedernida, simplemente quiero saber y aunque desde un principio el querer saber conlleva a la compleja situación de entender que hay cosas que no se pueden saber, yo no dejo de pensar en ello, quiero saber dónde está la felicidad porque cada que alguien me ha preguntado cuál es mi meta en la vida, yo solo me siento sincera contestando que en ser feliz.

También sé que probablemente mi felicidad no sea la de otras personas, pero razonablemente hablando y desde un punto en el que aún me considero inexperta para el arte de vivir, sin pena y con gozo vengo a hacer un resumen de tres actividades que sin duda me han hecho creer que la felicidad está ahí. Espero que alguno de ustedes también haya encontrado la felicidad en dichas actividades y sienta el deleite que el coincidir con alguien produce.



1.- La felicidad musical. Ya sé que no soy la primera en decirlo, pero definitivamente hay muchas cosas sin las que la vida humana sería un completo error, la música es una de ellas y creo que pocas personas se pueden oponer a este punto de vida. No hay nada como ser atravesado por una canción, no hay nada como ser hechizado por un ritmito loco y no hay nada como gritar con el corazón mientras se canta suave o fuerte. No hay felicidad que se esconda después de escuchar una buena canción y no hay compás preciso que no contagie al mundo con una noble sonrisa. Ya sé que también existen las canciones tristes, y que la tristeza es el antónimo por excelencia de la felicidad, pero aunque suene loco, yo creo que hay tristezas bonitas y puras, tristezas que una pasmosa canción te puede hacer sentir, tristezas que al final se vuelven felicidad por el simple hecho de ser placidas, tranquilas y limpias.

2.- La felicidad de la lectura. Es probable que más de uno en esta vida aún no haya encontrado la felicidad de la lectura, pero espero que si han leído hasta aquí sean de los afortunados que han encontrado la clave para empezar a leer y nunca parar. Es cierto, y quién diga lo contrario puede sentarse a discutir conmigo el tema, que leer es un pequeño reto mental, es cierto que no es fácil, es cierto que una pequeña batalla empezar a leer un texto y acabarlo, porque nos distraemos y porque en la escuela nos enseñan a todo menos a leer por placer, leer hasta encontrar el por qué de lo que el autor nos quiere hacer sentir y leer hasta el final. Pero sin duda no hay felicidad comparable con la de estar en la parte emocionante de un buen libro, dando vueltas sin parar a las hojas y sentirse descubridor de un nuevo mundo, meterse en el libro y sentir, oler, respirar, y hacer nuestra la historia.

3.- La felicidad del llegar lejos. Para muchos es como una religión y para muchos otros es una pérdida de tiempo, hay muchos amigos que me consideran loca por hacerlo sin parar y hay otros que se asombran. Muchos creen que no pueden, aunque en realidad TODOS podemos. Esta felicidad es una felicidad singular, es una felicidad auto-provocada, no nos la regala ningún escritor, ni músico, nos la regala nuestro cuerpo. Es la felicidad que se encuentra en estirar cada uno de nuestros músculos, en llevarnos al límite y crear nuevos límites para nuestro cuerpo todos los días, en correr un kilometro más cuando sentíamos que no podíamos, en nadar esos últimos metros cuando sentimos que nuestros brazos no pueden más, en despertar temprano para ir y hacer ejercicio. Es ser vencedor de una batalla que se tiene que luchar todos los días, es una batalla contra nosotros mismos y es una batalla por no dejarnos y por seguir, porque sabemos que al final de cada esfuerzo está ese torrente de químicos en la cabeza que nos hará sentirnos mejor que con cualquier droga, porque sabemos que el decir “yo puedo” y poder, cuando sentíamos que no podíamos, es el mejor remedio para el bajo autoestima. No hay nada que no cambie en tu vida cuando empiezas hacer ejercicio, pero ejercicio en serio, ese en el que día a día rebasas tus límites y te enfrentas a tu espíritu, para decirte: yo puedo llegar lejos, cada vez más lejos.



Entonces, después de este breve resumen de la felicidad solo me queda recalcar que aunque hay felicidades escondidas por todo el mundo, que se pueden encontrar en los lugares más sencillos, como en voltear a ver el cielo en el momento preciso, como en ver los ojos de alguien más y sentir que se te sale el corazón, como en departir con los verdaderos amigos, todo tiene de cierto que estás tres actividades han cambiado mi vida y sin duda me siento afortunadamente vida cada que las hago parte de mi, espero que a ustedes les pase igual.

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