Todo pasó tan rápido, parece que fue ayer cuando me encontraba con mis amigos dando vueltas por el mundo, escuchando música a todo volumen, jugando a ser mini adultos, sin saber que ser adultos conlleva obligaciones. No las teníamos, y no pensábamos que algún día las tendríamos. Sólo era la música, las primeras pedas, los primeros amores. Descubrir el mundo por primera vez. Enamorarse y no recordarlo al otro día. Ver a la banda de tus amigos en el escenario, gritar y cantar. Saber que en esas noches nada podía salir mal.
Recuerdo aquellos días con claridad, me cuesta mucho trabajo pensar que han pasado muchos años y que todo ha cambiado. Todos crecimos, nadie se quedo atrás, pero estoy segura que todos aquellos amigos con los que compartí mi adolescencia, recuerdan con la misma sensación de felicidad aquellos momentos, por que aunque los días pasen y no regresen, el recuerdo y la sensación de haber pertenecido a algo así es inigualable y es suficiente para dibujar una sonrisa en cualquier cara.
“Éramos chamacos que no pretendían mucho, por que lo teníamos todo. Amigos, música y actitud.”
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