lunes, febrero 22, 2010

te extraño.

Bueno.

Malo.

Me despierto y lo primero en mi cabeza eres tú. Lo segundo es la constante pregunta ¿iras a ser siempre tú?. Me complico y comienzo a buscar mis razones para odiarte, poco a poco se me quitan las ganas de llamarte y decirte lo que mi cansado corazón siente por las mañanas.

Me tallo los ojos, me estiro cual gato, y comienzo mi día.

Me he vuelto toda una guerrera, he probado todos los trucos y aun me cuesta unchingamadral, (por no ser más grosera), mantenerte a raya y lejos de mis pensamientos.

Cuando el sol florea con bellas nubes a su alrededor, y el paisaje es tan melancólico como el amor que yo tenia por ti, cuando algún buen chiste se me atraviesa por la calle, o cuando unos buenos besos llaman a mi para que sienta hogueras, que ya no puedo sentir, por que tú quemaste toda la madera para hoguera que había en mi diminuta existencia. Cuando en mi inconciencia te busco, y no estas.

Me pregunto todo el día, si ira a ser siempre así. Como los alcohólicos con el alcohol.

¿ira a ser siempre así? Una lucha constante, en la que no puedo darme el lujo de pensar por donde me nazca pensar, de dejar fluir mis pensamientos y mis sentimientos, siempre tengo que estar alerta.

Alerta de que no te me escabullas, de que nada me recuerde a ti, de que no piense en ti más de tres segundos.

Me canso, y al final del día, casi no me quedan fuerzas. Así que antes de acostarme, busco tranquilidad en el futuro, me digo que mañana será un nuevo día, y que quizás mañana me despertare pensando en todo, menos en ti y tu lejanía.

Me tapo, y abrazo mi almohada… me pierdo entre sueños y la siento respirar, como si fuera tú.

Malo.

Bueno.

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