23 de marzo del 1970, México, Distrito Federal.
Jerónimo, Hola.
Que de lo lindo esta tu vida sin mi… ¿no? Tan productiva, tan selectiva, tan entretenida.
Que lindo, que felicidad, pero yo no soy tan sincera. A mi se me va el día en un pinche engañadero. Uno frente al espejo, pa’ que no se me noten las pinches ojeras de tanto pinche llorarte toda la pinche noche. Si, esta muy pinche. Otro engañadero a la hora de comer, para sentir que tengo hambre, y para sentir que me sabe a gloria, como en aquellos tiempos en los que hasta un pan con mantequilla a tu lado, me sabia a manjar y otro pinche engañadero a la hora de dormir, primero para poder dormir y después para rezar cabrón para que esta noche no se me aparezca tu pendejo fantasma en todos mis sueños, si es que logro dormir.
Y bueno, no se diga en las mañanas, un pinche engañadero al intentar ocultar el pesar que me da el saber que no hubo santo al cual rezarle para no soñar contigo, y otro pinche pesar de irme dando cuenta de que hoy, tampoco estarás. Pero el engañadero mayor, esta en sentirme satisfecha con las dos o tres pinches horas en las que pude conciliar el sueño. La culpa no la tienes tú, por supuesto, tú tan santito, tan niño bueno, ¿cómo crees? la tiene el pinche puto puñal, que me clavaste, claro, sin querer, por que tú… ¿tú? Tú eres pan de Dios hecho música, tu jamás harías algo así… bueno, el pinche puñal que me clavaste en el corazón, ese es el culpable de mi pinche falta de sueño. Y del engañadero también.
Así que te digo, que lindo, que mágico, que espectaculares tus pinches días, con tanta pinche productividad, con tanta pinche felicidad, que te has encargado de enseñarle a cuanto amigo en común tenemos, que bien. Por mi, no te preocupes, yo seguiré aquí, sentada, esperando como nunca he sabido esperar, a ver que día, por fin, dejas de ser ese que fuiste y por fin seas ese que no me importa.
Ojala te llegue mi carta, por que con eso de que a doña Jacinta, tu presumible, admirable y nada tachoneable madre (aunque eso de tachoneable, lo dudaría el lechero), no se le da la gana entregarte las cartas, y con eso de que no me dejaste ni para la leche, no alcanza para lo que costaría la pinche llamada telefónica para decirte esto, tan importante.
Por cierto, Juanito, ya tiene un año, se parece a ti, pero no pregunta por ti.
Pinches pendejadas las tuyas, de veras.
Se despide de ti, con besitos, tu antigua com-pinche.
-Armenia, (aunque no te guste mi nombre pero no uso más el que tú me pusiste, por que ¿que es eso de llamarme Conejita?… bien me decía mi tío Paco, que esas son mariconadas. Debí de haberle hecho caso.
XD me huele a Oda, que chingon lo de las "Mariconadas", uno no se apena hasta que lo ve pa atrás...
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