Son esas pequeñas y dolorosas punzadas en el corazón. Son esos sentimientos chiquitos que me generan vacíos infinitos. Son esas ganas de sentirme amada y esa frustración por no lograrlo.
Son esas ganas tan enormes que le pongo a las cosas, y la desesperación de hundirme en la derrota.
Son esas ganas de rogarte que no me hagas daño. Son todas las veces que imploro al cielo para que solo me ponga gente buena en mi camino, son todas esas veces que le doy lo mejor de mi a las personas y ellas solo me saben fallar. Es mi excesiva confianza en la bondad del mundo.
Es mi dignidad rota, es tu desprecio pisándome, es y son todos esos sentimientos que mis ojos callan cuando me preguntas que tengo.
Soy yo, la niña del espejo, la pecosa que no sabe mentir y que todo el tiempo me pide que la cuide y que la proteja. Soy yo, la mujer del presente, la pecosa de ojos cabizbajos, diciéndole que no sé como.
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