Esta vez no hacia falta que me sentara a escribirlo o a meditarlo, las cosas se sucedieron a tal velocidad, que no hubo momento en el planeta con mayor ingravidez que los que se vivieron en mi vida a partir de que me decidí a comprar el boleto de avión hasta me baje de él, después de varias horas de vuelo.
Tardaron menos los suntuosos críticos de mi vida, en dar su veredicto, que lo yo tarde en volar de la ciudad México, (mi México) a Toronto y de Toronto a Boston, y por supuesto el veredicto fue condenador y arrasador. Supongo que bien hicieron los críticos en condenar mis acciones, y lapidarlas con sus palabras que riman a la perfección con la moral y las buenas costumbres.
Pero para mí, la vida que poseo se debe vivir de diferente manera, y no es preciso pasar todas las decisiones que tomo, por los filtros de la cordura y de lo correcto, yo voy más allá, decido abrir mis alas en diferentes aires, tomar altura de diferente forma, salirme de la parvada, vivir de atardeceres nostálgicos y de aventuras que llenen de adrenalina mis venas.
Si no, ¿para que?.
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